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sábado, 20 de julio de 2013

SAQQARA

Saqqara, uno de los sitios más misteriosos de Egipto fue diseñado por el sumo sacerdote Imhotep. Un genio multifacético que fue el primero filósofo de la historia. El padre de la medicina, la arquitectura, la física y la química. Los griegos que estudiaron en Egipto y que le cambiaron el nombre a todo el mundo lo llamaron Asklaepius o Esculapio para marcar sus logros como médico. También lo llamaron Hermes Trismegistus, el tres veces grande por sus dotes como filósofo y físico que reveló las bases de cómo funciona el universo.
Imhotep, el sumo sacerdote de La Escuela de Misterios de El Ojo de Horus, construyó Saqqara. Un enorme esfuerzo en tiempo, mano de obra y recursos que produjo utilidades espirituales y materiales a toda la sociedad. Su tecnología fue fundamental para elevar la frecuencia de vibración de los iniciados, acelerando su evolución espiritual. Permitió a los discípulos verificar que existen otras dimensiones, contactar seres en planos superiores y recibir información de maestros ascendidos. En el plano físico permitió crear avenidas electromagnéticas que facilitaron el movimiento de materiales en la construcción de sus templos. Saqqara produjo energía taquiónica, la energía de más alta frecuencia y vibración del universo. Esta energía es neutra, está compuesta por parejas de partículas que al tener una carga eléctrica contraria, se anulan y equilibran entre sí. Al ser neutra, no genera resistencia y se mueve a 27 veces la velocidad de la luz. Es la energía del pensamiento cuando vibra en la alta frecuencia del amor. Fue la energía que utilizó Jesús para realizar los sucesos extraordinarios que llamamos milagros. Él demostró que vibrando en la altísima frecuencia del amor la mente puede dirigir la energía taquiónica, la energía del pensamiento para elevar la energía vital de los enfermos realizando curaciones extraordinarias y aun levantándolos de la muerte; o para aumentar la frecuencia propia de vibración del agua hasta convertirla en vino. Todas las cosas y seres del universo vibran en distintas frecuencias dependiendo de su nivel evolutivo.
Saqqara generaba un enorme campo electromagnético y sonidos que vibraban en distintas frecuencias. Su forma y diseño producía y captaba energía. Emparejaba las partículas eléctricas convirtiéndolas en una columna ondulatoria estacionaria de energía taquiónica. La pirámide producía distintas frecuencias, permitiendo que discípulos con distintos niveles evolutivos se sintonizaran y vibraran con una frecuencia más alta que la que tenían en el momento. Esto potenciaba sus niveles de energía vital, su aura o campo electromagnético personal. Simultáneamente recibían una intensa preparación que después de 21 años de su vida, les permitía llevar su conciencia a las dimensiones superiores de la realidad.
Fuente: Ser Libres.com
 
 
 

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